No hay un número “mágico”. En algunos casos se notan cambios en pocas semanas; en otros conviene un proceso más largo (por ejemplo, perfeccionismo o miedo a fallar muy arraigado).
No hay un número “mágico”. En algunos casos se notan cambios en pocas semanas; en otros conviene un proceso más largo (por ejemplo, perfeccionismo o miedo a fallar muy arraigado).
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